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Cómo asegurar un contrato de arrendamiento

Es increíble la cantidad de mañas, triquiñuelas, trucos, chicanadas e ideas que pueden concebir las personas con tal de sacar un provecho ilícito de otra. La adquisición de inmuebles ha sido por excelencia la mejor forma de inversión, pues mientras que el valor del dinero en efectivo se devalúa con el paso del tiempo, lo bienes inmuebles, por el contrario, conservan e incrementan su valor. Otras forma de inversión es la compra de metales preciosos, joyas e inversiones de dinero a plazo, el problema es que para obtener la ganancia es necesario venderlos o bien, poner el dinero a plazo.

A diferencia de esas otras formas de inversión, los inmuebles tienen la ventaja de que se puede obtener una ganancia de ellos sin necesidad de venderlos mediante el arrendamiento. El contrato es tan antiguo como la humanidad misma, pues podemos encontrar sus orígenes en la materia agraria cuando el propietario de ganado lo entregaba a otra persona que no lo tenía para el arado de las tierras del segundo, a cambio de alguna contraprestación. Es así como el arrendamiento cubre una función claramente social, pues brinda los bienes necesarios al que carece de ellos, obteniendo una ganancia tanto para el arrendador como para el arrendatario.

Desafortunadamente, en nuestro egoísta afán por sacar un mayor provecho los unos de los otros, ha provocado que la función social del arrendamiento se desprestigie y ha sido materia de abuso por ambas partes (unos por cobrar más y pagar menos por el mantenimiento y otros por de plano no pagar y hasta quedarse con el inmueble), lo que ha provocado inclusive el secuestro político de la materia por los gobiernos locales y han servido como banderas sociales para protección de los inquilinos sin considerar que la protección también debe ser para los arrendadores.

Un ejemplo de esto último estuvo lugar en la ciudad de México. En el sismo de 1985 se cayeron muchas construcciones antiguas que estaban en arrendamiento y no se les había dado el mantenimiento necesario para la seguridad de los inmuebles y sus habitantes, debido a que existía un régimen que favorecían a los inquilinos con una renta congelada (llevaban más de 30 años pagando la misma renta, sin incremento alguno, no podían ser desalojados del inmueble y el propietario tampoco podía venderlos ni modificar su régimen). Pero esta renta congelada no fue una decisión unilateral del gobierno, se dio derivado de los abusos de los propietarios por sus altos alquileres, mala calidad de las viviendas y (dicen) leyes que facilitaba los desalojos. Desafortunadamente la sobreprotección a los inquilinos propició que nadie diera mantenimiento a los inmuebles y fueron los primeros en caer en el sismo del 85.

En mi opinión la protección legal siempre debe ser equitativa, sin embargo debe tener cierta inclinación para los propietarios puesto que son ellos y sus bienes los motores de nuestra economía, tan es así que existe un régimen especial en materia fiscal que grava el ingreso obtenido por las rentas, en mi opinión no es conveniente que el propietario pierda parte de su ganancia en la reivindicación de su propiedad, porque los trámites judiciales son lentos y costosos y en cambio el inquilino viva a costa de aquel y para colmo destruyendo el inmueble, pues seguramente después de uno o dos años del juicio, cuando obtenga la posesión de su propiedad, estará destruido. Después de muchas negras historias de arrendamiento, los propietarios terminan por vender sus bienes para deshacerse de tantos problemas.

Afortunadamente en la actualidad existe una nueva figura jurídica que puede auxiliar en la recuperación de los inmuebles y es el mediador, quien es un fedatario ante el que se elabora un convenio, donde se reconoce que existe el arrendamiento y el inquilino se obliga a desocupar el inmueble en caso de la falta de pago de sus rentas o bien cualquier otro incumplimiento. Pero si en el contrato de arrendamiento ya se está obligando a ello, ¿qué diferencia hay con repetir lo mismo en un convenio de mediación?, pues que el contrato de arrendamiento es un contrato privado, donde no interviene fedatario alguno, por lo tanto no existe ni siquiera la certeza de ser la firma de los interesados, sin embargo, en un convenio de mediación, el mediador es una persona con fe pública (como si fuera notario, pero a nivel judicial), con la ventaja de sus convenios se equiparan a “cosa juzgada”, lo que significa que no es necesario pasar por todo el procedimiento de un juicio, sólo se pide la ejecución, es decir la desocupación del inmueble por la falta de pago.

Para aclarar lo anterior, a grandes rasgos describiré un procedimiento judicial normal: la historia comienza con la demanda, donde el propietario le pide al juez el cumplimiento del contrato por parte del inquilino, luego se manda llamar al demandado para que acuda ante el Juez, se abre un período para que ambas partes presenten sus pruebas para acreditar la existencia tanto del contrato como de la facultad del propietario para exigir el cumplimiento del mismo, así como para que el inquilino acredite que no tiene obligación alguna o bien que ya cumplió con la misma o que no le es posible cumplir, una vez desahogadas todas las pruebas el Juez dictará sentencia donde condenará o absolverá al demandado de las prestaciones requeridas. Tanto la sentencia, como casi cualquier actuación del Juez o de la contraparte, se puede alegar la falta de algún requisito legal y por lo tanto anular, ese trámite se llama “apelación”, que consiste en pedir a una instancia superior al Juez que revise el caso, pues se pasaron por alto u omitieron o se están violando requisitos legales fundamentales; dicha instancia superior estudiará el caso mediante la revisión del expediente y, considerando además la argumentación tanto del quejoso como de su contraparte, resolverá si existe alguna violación o no a la ley o al procedimiento. Sobre esta sentencia existen una segunda revisión que es el amparo, que consiste en que un Juez federal verificará si existe o no alguna ley que ampare a la persona afectada. Existe además una tercera (y, por fin última) instancia de revisión que una vez más verificará si existe o no algún error en el procedimiento u omisión o violación a la ley (se le llama recurso de queja). Una vez agotadas estas 3 instancias (apelación, amparo y queja, que tardarán por ahí de 1 año hasta la última), se dice que la sentencia está firme y podrá ejecutarse en los términos que haya quedado (la sentencia del juez puede ser condenatoria para el demandado y las 3 revisiones posteriores pueden confirmarlo, pero también pudiera ser que se modifique en la primer revisión o segunda o tercera o peor aún que encuentren una falla en el procedimiento y entonces lo anulen todo o parte de él y entonces habrá que volver a empezar).

Con el convenio de mediación se evita todo lo anterior, éste hace las veces de una sentencia firme, es decir no cabe ninguna revisión sobre él, simplemente se le pide al juez que se ejecute el mismo, si, por ejemplo, el convenio consiste en la desocupación del inmueble por la falta de pago de 3 mensualidades, entonces se acudirá con el Juez y por escrito se le pedirá que el inquilino acredite haber cumplido con el pago, el Juez le dará hasta 5 días para acreditarlo y en caso de no hacerlo, ordenará la desocupación del inmueble a la fuerza, rompiendo cerraduras y solicitando el apoyo de la fuerza pública, de ser necesario.

Si quieres saber más sobre la mediación u obtener asesoría al respecto, por favor contáctame en ocampoarch@hotmail.com

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¿Qué es un ejido?

El ejido en México es una figura jurídica mediante la cual una comunidad de personas (no empresas ni personas morales) es propietaria de una gran extensión territorial para repartirla entre sus miembros, quienes tendrán derecho a obtener fracciones de terreno para construir su casa habitación y para cultivo, quedando otras partes para la construcción de las edificaciones administrativas, de servicios públicos o culturales que sean necesarias u ordenadas por la ley.

Únicamente las fracciones de terreno habitacionales designadas por la asamblea de ejidatarios como “solar”, son propiedad plena del ejidatario a quien se le entregue y puede este último disponer libremente de ella para venderla, regalarla, donarla, heredarla, hipotecarla, etc.

En cambio, todas las demás tierras son propiedad del ejido y nada puede hacerse con ellas salvo cultivarse para el caso de las parcelas o utilizarse para los fines que la asamblea le asignó, como por ejemplo el establecimiento de la escuela.

Las parcelas se reparten entre los propios ejidatarios para que las cultiven y aprovechen sus productos en forma particular, sin embargo no son propietarios de ellas pues, repito, el ejido es el verdadero propietario y únicamente la asamblea de ejidatarios podrá determinar cuándo podrá separarse del ejido y regirse como propiedad particular, extendiéndose el título de propiedad respectivo y dejando de ser parcela. En este punto es donde radica la mayor confusión, pues al asignar el ejido a una persona para que cultive una determinada parcela, se le extiende un certificado ejidal de derechos parecelarios, el cual no es un título de propiedad, sólo es el documento que lo acredita como beneficiario de explotación de esa parcela, reitero, la propiedad es de todo el ejido, sólo hasta que se expide el título de propiedad es cuando ya es propiedad particular.

Esto que parece tan sencillo se ha convertido en un caos para la tenencia de la tierra en todo el país, pues las parcelas han sido abandonadas, los núcleos poblacionales han crecido sobre ellas y entonces los ejidatarios, con la falsa creencia de que son propietarios, han fraccionado y vendido en lotes sus parcelas o han permitido que sus hijos construyan sobre ellas y posteriormente han a su vez vendido o, en otros casos, las parcelas han sido invadidas por los vivales que nunca faltan y hasta ha habido quienes con el mayor descaro han defraudado a mucha gente vendiendo lotes de una parcela de la que ni al ejidatario conocen.

Siempre me he sorprendido de la habilidad que tenemos para convertir algo bueno en un problema; es como si se construyeran escalones para subir más fácilmente una ladera empinada, pero nos empeñamos por subir donde no hay escalones, por destruirlos (por maldad, por diversión, por aprovecharnos de los demás, hasta por aprovechar el material, etc.), por brincarlos, por darles un uso indebido, etc., sin considerar que algún día nosotros o algún familiar pasará por ahí mismo y con el pasar del tiempo en lugar de ser una herramienta para el ascenso, esos escalones destruidos serán un peligroso tobogán que nos hará descender y seguramente cobrará con la muerte de muchos.

Hace más de 2,000 años nos dieron un consejo muy simple “amaos los unos a los otros”, 2,000 años después seguimos igual o peor, pero eso sí, con ipad.

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¿Que es un fideicomiso?

Fideicomiso está catalogado como un contrato mercantil, pues está previsto por la ley de títulos y operaciones de crédito, además diversas leyes bancarias lo complementan.

A través del contrato de fideicomiso, una persona (fideicomitente) le transmite la propiedad de determinados bienes o derechos a una institución (fiduciario, siempre son instituciones bancarias) para que los administre o realice ciertos actos en provecho del propio fideicomitente o de otra persona (fideicomisario).

En la práctica el fiduciario nada puede hace con los bienes que no esté pactado dentro del contrato de fideicomiso, o bien que el fideicomisario le ordene hacer.

El fideicomiso es una institución tan flexible y útil como la imaginación, he aquí un par de sus aplicaciones prácticas:

1.- Para la construcción. Si una persona es propietaria de un bien inmueble y otra se dedicada a la construcción, ambas aportan al fideicomiso, por un lado, el terreno, y por el otro, las construcciones, el producto de las ventas será administrado y pagado por el fiduciario al propietario y constructor, inclusive puede el banco dar financiamiento a los compradores, así el propietario está seguro de que el negocio está caminando bien y no tiene porqué preocuparse en la construcción, el constructor está seguro de que el propietario del inmueble no se lo va a quitar, puesto que tiene el fideicomiso, y el fiduciario se encarga de administrarle el dinero necesario, además ese fiduciario se encarga de vigilar la obra y finalmente, el comprador está seguro de que la obra se llevará a cabo y no lo dejarán a medias.

2.- Para herencias. Es muy útil para personas que tienen hijos que no pueden valerse por sí mismos y lo mejor de caso es que se puede ver el desempeño del fideicomiso en vida del interesado (ver tema aparte http://ocampoarch.spaces.msn.com/blog/cns!60DA4BDAFDF5DFF8!169.entry).

En resumen la ganancia del fideicomiso es la siguiente:

El fideicomitente, tiene la certeza de que una institución seria y profesional como lo es un banco, está cumpliendo con el objeto del fideicomiso, además la transmisión de la propiedad hacia el banco no genera impuestos, siempre y cuando el fideicomisario sea la misma persona del fideicomitente, en cuanto cambia la persona del fideicomisario se generan los impuestos respectivos.

El fiduciario gana por la administración del fideicomiso.

El fideicomisario tiene la certeza de que el fideicomiso tendrá un buen fin.

Para constituir un fideicomiso es necesario acudir a cualquier institución financiera y una vez que se haya llegado a una cuerdo favorable para todas las partes, el contrato se debe celebrar en escritura pública, para el caso de que el fideicomiso verse sobre bienes inmuebles (ver tema aparte de la seguridad de escrituras http://ocampoarch.spaces.msn.com/blog/cns!60DA4BDAFDF5DFF8!163.entry).

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Nuda Propiedad y Usufructo.

Existen casos especiales en que se pretende enajenar (del latín in alienare, hacer ajeno) un bien, pero el propietario desea conservar, al mismo tiempo, parte de él, sin llegar a constituir una copropiedad (ver tema aparte http://ocampoarch.spaces.live.com/blog/cns!60DA4BDAFDF5DFF8!133.entry), puesto que ya no quiere tenerlo en propiedad (tal vez por su avanzada edad, por radicar fuera de la ciudad o por convenir así a sus intereses).

Para este caso existe la figura jurídica del usufructo vitalicio. Usufructo es una palabra compuesta por uso y fruto (uso-fruto, usufructo). Normalmente el que es propietario de un bien tiene derecho a usar y disfrutar de los productos (frutos) de su posesión, sin embargo, ese provecho de usar y disfrutar puede ser separado del derecho de propiedad y, además, se le puede poner un término (vitalicio, de por vida).

Así el propietario divide los derechos que tiene sobre su bien en 2 partes: el usufructo y la nuda propiedad, enajena (vende, dona, hereda, etc.) la nuda propiedad y se reserva el usufructo de por vida. ¿Cuál es la ganancia? que quien adquire de la nuda propiedad es dueño del bien, peeeeeero, no puede poseerlo, ni usarlo, ni percibir nada que derive de él, quien si puede hacerlo es quien tenga el usufructo (usufructuario puede ser el antiguo propietario o quien él designe), esta persona puede inclusive rentar el bien y percibir esas rentas para si mismo, es más hasta podría vender su derecho de usufructo, aunque el mismo terminará cuando fallezca el primer usufructuario.

La propiedad es “nuda” porque carece de sus atributos (usar y gozar de la cosa que se tiene en propiedad), es decir, está desnuda.

Al realizar la operación ante el Notario de su confianza, la escritura correspondiente será inscrita en el Registro Publico de la Propiedad, en donde se tomará nota de quien es titular de la nuda propiedad y quien del usufructo.

La gran ventaja es que, como es vitalicio, el usufructo se extingue automáticamente con el fallecimiento del usufructuario, lo que significa que el nudo propietario consolidará la propiedad plena con el simple fallecimiento, siendo necesario únicamente presentr el acta de defunción en el Registro Público para acreditar la terminación del usufructo vitalicio y consiguiente consolidación de la propiedad plena en favor del nudo propietario, sin pago de impuesto alguno (salvo por el pago de los derechos del Registro Público)

Si el nudo propietario quisiera vender, puede hacerlo previa notificación que le haga al usufructuario puesto que él tiene preferencia para comprar frente a cualquier otra persona, si no ejerciera ese derecho el usufrucuario, entonces sí, podrá una tercera persona adquir la nuda propiedad y ella deberá respetar el usufructo hasta que termine, sólo compareciendo ambos (usufructuario y nudo propietario) podrán transmitir la propiedad plena del inmueble.

Fiscalmente la operación es tratada en forma normal conforme a su naturaleza (compraventa, donación, herencia, etc.) no requiere ningún gasto extraordinario.

Acuda con el Notario de su confianza, él podrá explicarle mejor esta información.

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Copropiedad, subdivisión, fraccionamiento, lotificación, relotificación y condominio

¿Cómo puedo escriturar la fracción que me vendieron?

Un problema muy común es que compramos, y hasta después que pagamos nos cuestionamos si actuamos bien y vamos con el Notario para que nos de la certeza de que nos metimos en un problema.

 En una escritura que ampare la propiedad de un inmueble, el mismo se identifica plenamente, con la superficie que tiene y con sus medidas y colindancias, por lo que dicho inmueble legalmente constituye una unidad indivisible, sin embargo la ley prevé 3 formas de dividirlo: COPROPIEDAD, SUBDIVISION (o fraccionamiento o lotificación) y CONDOMINIO.

 1.- COPROPIEDAD.

 Propiamente no es una división del inmueble, mas bien es “compartir” el inmueble, es decir, el inmueble sigue conservando su unidad, sigue siendo uno solo, pero los propietarios son varios y cada uno tiene una participación sobre el inmueble, dicha participaciónse mide en porcentaje y puede  ser  el mismo entre los propietarios (iguales porcentajes sobre la totalidad del inmueble) o diferente (diferentes porcentajes).

Tal vez podamos entender mejor el concepto si nos regresamos y primero entendemos el concepto de propiedad: derecho de usar, gozar (percibir sus frutos) y disponer de los bienes (venderlos, gravarlos, etc.), en forma absoluta, exclusiva y perpetua, dicho derecho es oponible y preferente a cualquier otra persona distinta al propietario.

La ley dice que existe copropiedad cuando una cosa o derecho pertenece sin poder dividirse (pro-indiviso, dice la ley) a varias personas. De aquí que reitero, por definicion la copropiedad no da división de un inmueble. Es como si dijéramos que “vamos a subir para abajo”, es un absurdo legal hablar de división en una copropiedad, en realidad se comparte el inmueble.

Particularmente los copropietarios pueden decidir quién habita alguna parte del inmueble, pero legalmente TODOS son dueños de TODO el inmueble, es decir, en los hechos cada copropietario puede habitar su vivienda, como si fuera un condominio, pero para la ley todos tienen derecho a usar todo el inmueble, si en algún momento llegare a liquidarse la copropiedad (venta o ruina del inmueble) a cada copropietario le corresponderá según el porcentaje de cada uno.

Para el caso de que alguno de los copropietarios quiera vender sus derechos, deberá de notificar al otro copropietario ese hecho, porque todos los COPROPIETARIOS TIENEN DERECHO, FRENTE A EXTRAÑOS, PARA COMPRAR LOS DERECHOS DE COPROPIEDAD DE UNO DE ELLOS, solo para el caso de que no hagan uso de ese derecho, podrá una persona ajena comprar los derechos de copropiedad.

En el caso práctico, para adquirir derechos de copropiedad, bastará que el dueño (si es uno sólo quien ostenta el 100%) nos comparta su derecho de propiedad, en el porcentaje que sea necesario, por lo que nos venderá ese porcentaje. Para el caso de que sea un copropietario el que nos venda, deberá notificarse a los otros copropietarios previamente, si es su deseo adquirir el porcentaje de copropiedad en venta, si niegan su derecho o nada manifiestan dentro de los siguientes 8 días (eso en el DF, en otros estados puede variar), se entenderá que no quieren ejercer ese derecho y por lo tanto podrán venderse esos derechos a una tercera persona ajena a los otros copropietarios. En la escritura se consignará la venta de derechos de copropiedad y se generarán los impuestos, derechos, gastos y honorarios correspondientes al porcentaje que se está adquiriendo, además se mandará a inscribir en el Registro Público de la Propiedad, donde se tomará nota del nombre de las personas que ostentan la propiedad del inmueble (click aquí para saber más sobre impuestos).

La razón de que la ley prefiera a un copropietario para comprar antes que a un extraño, es que legalmente no es deseable la copropiedad, ya que en la práctica resulta muy problemática (si das click abajo en “comentarios” verás a qué me refiero y seguramente no faltará algún familiar que tenga este problema). Es por esta razón que la ley prefiere consolidar la propiedad en una sola persona antes que seguir conservando la copropiedad con otra persona.

La notificación al copropietario a que me refiero arriba, deberá hacerse através de Notario o por medio de un Juez, lo cual conlleva un pequeño trámite judicial con sus respectivo tiempo y gastos, para que de esa forma conste de manera fehaciente que se hizo del conocimiento del copropietario los términos y condiciones de la venta. Si son varios copropietarios se tendrá que notificar a cada uno de ellos, por separado.

La ley prevé que nadie puede permanecer en la indivisión por siempre, cuando el bien puede dividirse, es decir permite “cómoda división”, no hay problema, podrán seguirse los pasos que siguen a continuación, el problema es cuando ni permiten cómoda división, ni tampoco todos los copropietarios quieren vender, como podría ser por ejemplo un departamento donde 2 personas son dueños, uno quiere vender pero el otro no y ese otro tampoco quiere comprar la parte del vendedor, ni el vendedor puede comprar la del otro (típico pleito mexicano entre hermanos) pues bien, la única salida que queda es la del juicio (típica solución mexicana) el Juez ordenará la venta por remate (click aquí para saber más) del bien y el precio que pague el que lo adquiera se repartirá entre los copropietarios según el porcentaje de cada uno y como toda solución mexicana, los 2 perderán por necios porque en el remate el inmueble tendrá que venderse barato y para colmo ambos habrán gastado en abogados.

 2.- SUBDIVISION

 Esta si es la división del inmueble, es el trámite ideal para adquirir la plena propiedad de una fracción de un inmueble. Para el caso de inmuebles muy grandes donde resulten varias fracciones o que hasta incluyan calles, puede denominarse “fraccionamiento” o “lotificación”, si se trata de modificar una lotificación ya existente será entonces una “relotificación”.

 La subdivisión incluye un impacto social porque lo que era uno, ahora son dos o mas y se requiere el doble de infraestructura, 2 tomas de agua, 2 salidas de drenaje, 2 tomas de luz, sin mencionar el impacto que representa para los vecinos, etc. Es por ello que para la subdivisión ES NECESARIO UN PERMISO POR PARTE DEL GOBIERNO (oficio de subdivisión, fraccionamiento o lotificación), que en el D.F. lo otorga la SEDUVI a través de sus oficinas en cada delegación, en el interior de la República, habrá que acudir a las oficinas municipales y ellos le orientarán a dónde dirigirse.

 En la superpoblada ciudad de México, es difícil obtener dicho permiso porque se requiere cubrir una cierta superficie mínima y un cierto frente mínimo hacia la calle, los cuales varían de una delegación a otra.

 Una vez obtenido el oficio de subdivisión, se debe comparecer ante el Notario para que se protocolice y pueda mandarse así a inscribir en el Registro Público de la Propiedad, quien tomará nota de que dicho inmueble fue subdividido y ahora son 2 o más inmuebles. De ser necesario, en la misma escritura de protocolización, se puede “aprovechar” y hacer la venta de una de las fracciones creadas, o bien, si existe copropiedad, se puede disolver y aplicar a cada uno de los copropietarios sus respectivas fracciones (en el entendido de que si alguno de ellos adquiere más del porcentaje que le corresponde, atendiendo al valor de avalúo de cada fracción, deberá pagar impuestos por la demasía que esté adquiriendo).

 

3.- CONDOMINIO

 

Es la condición alternativa para el caso de no lograr la subdivisión, actualmente el Gobierno no expide ninguna autorización para este fin, sin embargo sí es necesario tener autorizada la construcción, o bien, si ya hay construcciones y no existe el permiso de construcción, deben ser regularizadas en las oficinas de la Delegación correspondiente.

 

Mas que dividir el terreno, la finalidad del condominio es dividir las construcciones, es decir, mediante la constitución del régimen de propiedad en condominio, las construcciones de un inmueble que son susceptibles de aprovecharse en forma individual por cada uno de los propietarios, porque son independientes unas de otras (“unidades privativas” que pueden ser casas, departamentos, locales, oficinas, etc., además puede ser en forma horizontal o vertical) y tienen accesos propios ubicados a una zona común o a la vía pública. Se tratar de un punto intermedio entre la copropiedad y la subdivisión, debido a que el terreno sigue siendo uno solo, los propietarios de cada unidad privativa comparten derechos de copropiedad sobre él, así como sobre bienes que son de uso común, como pasillos de acceso, cisternas, muros, entrepisos, suelo, etc. con un porcentaje de indiviso (copropiedad) que se determinará por separado.

 

En este sentido, el condominio sólo puede constituirse sobre construcciones, no sobre terrenos baldíos, a menos que la Delegación haya otorgado la correspondiente autorización para construir el inmueble, siendo en este caso posible la constitución del condominio con base a los planos autorizados.

 

Para constituir el condominio se requiere presentar al Notario la siguiente documentación:

 

a)       Permiso de construcción o regularización de construcciones;

 

b)       Planos arquitectónicos del inmueble;

 

c)       Memoria descriptiva del inmueble (documento donde se describe tanto todo el inmueble como cada una de las  unidades privativas en forma detallada);

 

d)       Tabla de valores para cada una de las unidades privativas e indiviso (porcentaje de copropiedad) que le corresponde sobre los bienes comunes; y

 

e)       Tanto para este caso, como para los casos de copropiedad y subdivisión se requieren: escrituras de propiedad, boletas de predial y agua de 5 años atrás y acta de matrimonio del propietario.

 

Al igual que en la subdivisión, la escritura respectiva deberá ser inscrita en el Registro Público de la Propiedad quien tomará nota de la división de las construcciones, asignándoles una inscripción por cada unidad privativa. También, de ser necesario, en la misma escritura de protocolización, se puede “aprovechar” y hacer la venta de una de las unidades privativas creadas, o bien, si existe copropiedad, se puede disolver y aplicar a cada uno de los copropietarios sus respectivas unidades (en el entendido de que si alguno de ellos adquiere más del porcentaje que le corresponde, atendiendo al valor de avalúo de cada unidad privativa, deberá pagar impuestos por la demasía que esté adquiriendo).

 

El costo de cada instrumento depende del valor de todo el inmueble, del número de fracciones o unidades y del valor de cada una.

 

Acuda con el Notario de su confianza, el podrá ampliarle esta información.

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Compraventa, enajenación y transmisión de propiedad de Inmuebles

No se deje engañar en la compraventa de bienes inmuebles, así como a “las palabras se las lleva el viento”, también a los papeles mal redactados se los lleva el menor soplido.
No arriesgue su patrimonio con juicios, toda venta de un bien inmueble debe constar, más que por escrito, EN UNA ESCRITURA (para saber más sobre los problemas que acarrea un contrato privado de compraventa vea http://ocampoarch.spaces.live.com/blog/cns!60DA4BDAFDF5DFF8!162.entry).
La escritura pública elaborada por un Notario es el único documento que otorga certeza jurídica a su patrimonio, porque el Notario es el responsable de:
1.- Redactar un documento a la medida de sus necesidades, por lo que usted  no tendrá que desvelarse pensando en si hizo bien o no las cláusulas, si le falta algún documento o no, si algún día vendrán a molestarle por la propiedad del inmueble o no, si el vendedor era el legítimo propietario o no, si el inmueble tenía gravámenes o no, si tenía adeudos fiscales o no, etc.;
2.- Recaudar los impuestos respectivos, por lo que una vez firmada su escritura, no tiene usted que andar vagando por las dependencias gubernamentales preguntando dónde debe pagar y si hizo tooooodos los trámites correspondientes;  y, finalmente,
3.- Inscribir el instrumento en el Registro Público de la Propiedad. Todo inmueble tiene un historial en el Registro Público de la Propiedad que, como su nombre lo indica, es público, por lo cual, cualquier persona puede consultarlo, en ese sentido, MIENTRAS NO APAREZCA EL NOMBRE DEL COMPRADOR EN EL REGISTRO PÚBLICO DE LA PROPIEDAD, EL INMUEBLE SIGUE SIENDO “PROPIEDAD DEL VENDEDOR” para cualquier persona ajena al vendedor o comprador, además, sólo las escrituras y las ejecutorias de jueces, son documentos inscribibles en el Registro Público de la Propiedad (para saber más sobre las ventajas de escriturar un inmueble vea http://ocampoarch.spaces.live.com/blog/cns!60DA4BDAFDF5DFF8!163.entry).
“Lo barato sale caro”, no arriesgue su dinero, ni su tranquilidad, ni sus relaciones familiares, actualmente hay muchas facilidades administrativas para comprar y  regularizar inmuebles en el Distrito Federal, acuda con su Notario de confianza para cualquier asesoría, él es un profesional que le ayudará.
A partir del año 2008 existe la figura de Mediador que, para el caso de tener ya el problema encima, puede enderezar un poco el problema, siempre y cuando ambas partes tengan la voluntad de llegar a un arreglo.
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